El pasado vende miedo por Pas de Calais y huye recto

Me pareció ver a alguien allá por Thérouanne. Una sombra en un espejo. Pero bien por la niebla, bien por un brioche avec chocolat que una panadera de grandes pechos me vendió la perdí enseguida. Seguí sin ver nada incluso por la radio (France info) no pude ver nada cuando hablaban de que en España están empezando a retirar el dinero de los bancos. Gracias a mi rápida mano, pude apagar enseguida la radio con lo que seguí mi camino por la calzada trazada por Julio César con la intención de conquistar la pérfida Albión. Conviene repasar la Historia.

D341 o Chaussée Brunehaut se llama la línea recta que me llevará a Arras (no confundir) pasando por Auchy au Bois donde en el Café du Vert Dragon, un señor de 93 años y pegado a un bigote me dijo que siguiera buscando, tal y como hizo él cuando huyó de los nazis a pie hasta Portugal.

Y es que es difícil ocultar las cicatrices que dos guerras originadas por los alemanes, han causado entre los casi aburridos pueblecitos (sin bar) de la “douce France”. Allí tampoco estaba quien busco. No se encuentra en el pasado, ni lejano, ni remoto y asistido.

El pasado vende miedo con traje regional demasiado ajustado, y ciñe los prejuicios.

Algo así nos dice el señor de 88 años que nos acoge en Amettes para dormir. Y su charla es mejor abrigo para el peregrino que el cerrado hace un año cerca de la Iglesia por falta de presupuesto. El resto dejar de pensar con una minestra di pasta y una tortilla de patatas y olé. Sin vino hoy. No hay monjas en la proximidad.

Los pies olvidan rápido antiguos fantasmas

Los pies olvidan rápido antiguos fantasmas

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