El alba de Francia huele a desodorante caro y brioche

La cabeza se vuelve de un turbo desorbitado tras horas en soledad por la ruta que converge entre el Camino de Santiago y la Vía Francígena. Por eso han decidido poner un psiquiátrico en Brienne le Château, en Aube (Champagne) donde estudió artes militares Napoleón, el que quiso ser escritor antes de intentar suicidarse. Y es normal con el viento que azota los pies cansados de ver tanto cereal y tanto viñedo de inaccesible Champán.

Sin embargo los ángeles nos guían, como cuando el peregrino intenta llegar a Châlons en Champagne bajo una tormenta más propia del Caribe. O cuando en Chausée sur Marne, te dejan una caravana para dormir después de cenar un pollo de granja, de esos que saben a maíz y tienen la carne amarilla. O cuando en Vitry le François, quien te acoge por una noche y te enseña a hacer una quiche lorraine, te lleva a la mañana siguiente a conocer al alcalde que feliz por tener un nuevo Presidente de la República de su mismo partido, alaba las maravillas del país del peregrino. O aquél ángel solitario entre campos de cereales, soltero de vocación y que tiene por amante su Peugeot Partner, te indica el buen camino cuando llevas más de 400 kilómetros soñando con ver un paisaje un poco más diverso, e igual de colorido.

Las migas las depositan los ángeles a tiempo parcial. Cada uno a su manera, limpiando la casa de peregrinos del ayuntamiento de Brienne Le Château, aguantando la alergia y el sudor del caminante en la oficina de turismo, y sobre todo enseñando que la mochila del alma nunca debe ir cargada de culpas y resentimientos del pasado, aunque el subconsciente trate de jugarte una mala pasada a cada noche, mezclando el café con las personas que nunca más volverás a ver, te importen o no.

Quizá el viento, con un corte de pelo y un buen “Monaco” (Cerveza panaché con sirop de cassis) limpien un poco el camino que ha de encontrar a quien se está buscando. A pesar de que el pan francés no haga honor a su fama internacional.

Cada espejo puede hablar bien del paisaje

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Lo grande era el cielo, no Napoleón

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