Acabé la VIA FRANCIGENA entrando en Roma con Hélène: Pero ¿porqué?

¿Con quién acabarás tu camino, tu viaje? Lo normal es no preguntárselo. Pero alguien estará a tu lado. Y será la persona elegida por alguna razón específica que el peregrino deberá averiguar. Que sea Hélène tu compañera cuando llegues a Roma al final de la VIA FRANCIGENA, será todo un honor que tendrás que compartir con algún escritor inglés que odie el agua fría.

Hélène no es una peregrina cualquiera. Vive en Reims, cruce de caminos entre la VIA FRANCIGENA y el Camino de Santiago, el cual ha realizado varias veces. Y ejerce como hospitalera acogiendo a los peregrinos de ambas rutas a través de la Asociación Peregrinos y Caminantes 51 de Reims. Pero a sus casi… (da igual la edad), está llena de vitalidad y del típico encanto de una francesa como Dios manda.

Esto es lo que ella misma cuenta de su experiencia de la VIA FRANCIGENA en 2012, y que escribió en francés para el Boletín Camino de Ediciones Lepère.

Mi Vía Francígena

Por Hélène Spanneut
Extraído de Boletín Camino de Ediciones Lepère

“Salí en marzo de 2008, de Canterbury, llegué a Orbe en Suiza al norte de Lausanne haciendo la primera parte de la VIA FRANCIGENA. Tuve que hacer otros caminos, esperando que la VIA FRANCIGENA en Italia se estructurara un poco más. Pero la cosa ya está hecha. La VIA FRANCIGENA está balizada, señalizada y ya por fin exista un libro guía de la vía completa en lengua francesa. Así que aproveché la ocasión para continuar con mis amigos, quienes salieron de Canterbury el 16 de Mayo para llegar a Roma y después a Asís, y volver a Francia hacia Grenoble allá por el mes de octubre, lo que nos hizo caminar en Italia en los calurosos meses de Julio y Agosto de 2012.

Honestamente, habría preferido el período entre septiembre y octubre, temiendo un excesivo calor, que efectivamente fue el caso. Ya desde la salida del Valle de Aosta, anduvimos bajo temperaturas de entre 35 y 40 grados cada día y hasta el mismo fin en Roma. Incluso la Toscana estaba quemada. Decepción.

Me junté con mis amigos el 20 de junio. Ya llevaban 50 días de marcha. Bellísimo el trayecto a lo largo del Lago Léman después de Lausanne. Y después un bello ascenso hacia el Col del Gran San Bernardo: Saint Maurice, Orsières… Flores y campos de pastos. El agua siempre omnipresente, libélulas, preciosos pueblecitos de montaña, las vacas con sus cencerros, y para terminar, la nieve.

Italia: cierto es que yo esperaba demasiado tras haber oído los testimonios. Bajamos hacia Aosta atravesando el Valle de Aosta. La montaña se borra dulcemente. Después Ivrea, todo cambia. Entramos en la región de los arrozales durante una semana: calor, mosquitos, la llanura del Po… En fin.

Bellas ciudades y encuentros: Pavía, donde Francisco I fue hecho prisionero en 1525. Piacenza, (o Plasencia en español) fue la primera ciudad en pedir su unión al Reino de Italia en 1848. Ciudad de las bellas estatuas ecuestres de Alejandro Farnesio. Después, Fidenza y tras ella de nuevo el relieve dejando atrás la llanura. Berceto en la montaña de Parma es la última etapa antes del paso de la Cisa, frontera entre la Emilia Romana, la Liguria y la Toscana. Llegamos a Pontremoli y Aulla, villa mártir que fue completamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial dado que ocupaba un punto estratégico entre la llanura del Po y el mar. En la Parroquia de San Caprasio, fuimos acogidos por Don Giovanni, un concentrado de buen humor, de gerenosidad y de compresión. Sigue la región de Carrara y el mar. Nubes de sombrillas sobre un fondo de mármol blanco, el de Carrara. Tras ella, Lucca, la ciudad natal de Giacomo Puccini y su bella Iglesia de San Miguel. Siguiendo el camino, entramos en la región del chianti. Con San Gimignano, la ciudad de las torres medievales. De las 72 que llegó a tener, sólo quedan 14 impresionantes torres. Siena, la gran rival de Florencia y después de Roma, sin duda creo la ciudad más bella de todo el trayecto.

Siena cuenta con una Catedral en mosaicos de mármol blanco, negro y rojo junto a la inmensa Plaza del Campo en forma de Concha, donde dos veces al año, se desarrollan las carreras de caballos en las que compiten los diferentes barrios de la ciudad. Pero Siena es sin duda Sor Ginetta. Ella fue reconocida en 2002 por la municipalidad por ser la persona más meritoria. Allí, con ela,es reencontrar la felicidad en estado puro Después de Siena, Bolsena, al borde de su lago: magnífico. Tras ella, Viterbo, Sutri y sus tumbas antiguas. Y… Roma.

Hélène por la Via Cassia a la entrada de Roma

Hélène por la Via Cassia a la entrada de Roma

Todas estas ciudades, cuentan con interés artístico y cultural protegidas en su mayoría por murallas medievales que perviven en el tiempo. Calles estrechas con pavés las jalonan subiendo y bajando. El camino, en sí, no es más que lo que es: muchas carreteras, muchos caminos sin interés particular y pistas polvorientas donde pasan coches y camiones. Al menos para mi. Seguimos la Via Cassia desde hace tiempo y que se ensancha a medida que nos acercamos a Roma.

Respecto a la señalización del camino, hay que prestar una verdadera atención y no andar a ciegas. Ya que nos podemos encontrar bien con un dibujo de un peregrino amarillo con una flecha blanca, bien con unas señales en rojo y blanco. Se impone el estar atento y la reflexión.

No tuvimos ningún problema de alojamiento. La mayor parte fui acogida en parroquias donde el precio va desde el donativo a más o menos 20€. No hay siempre una cocina a disposición del peregrino. En las ciudades más pequeñas, los supermercados abren también los domingos por la mañana e incluso a veces por la tarde. Agua, por todas partes.

Llegué a dormir tres veces,de las cuales la última en Roma, en sitios gestionados por la Congregación de Santiago de Compostela. Albergues italianos en los que los hospitaleros permanecen una semana. La cena y el desayuno está asegurado por ellos. Son lugares siempre muy confortables. Ellos celebran una ceremonia con un lavado de pies por la noche antes de la cena. El hospitalero se viste con una bella y pequeña túnica de terciopelo con conchas de peregrino y la cruz jacobea. Lee una oración, echa agua sobre los pies del peregrino, los seca y los besa. A la mañana siguiente, al salir, llevan a cabo otra ceremonia para desear un buen camino al peregrino que parte.

La llegada a Roma, grandiosa. Sobre una colina, se atraviesa el Parque del Monte Mario. Se llega a una especie de balcón y de golpe: ROMA se presenta delante de vosotros. El peregrino se queda sin voz. Durante un momento, es fácil revivir todo el camino recorrido. Llegué acompañada de Raúl, un peregrino español a quien debo mucho. Fuimos muy felices de llegar juntos. Allí nos reencontramos con Harry, un peregrino inglés que estuvo en mi casa el 26 de mayo y que está escribiendo un libro sobre su viaje. Los tres, fuimos en ese momento como niños delante de un bello regalo.”

LN: la marca del camino de Hélène

LN: la marca del camino de Hélène

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