Juana de Arco me libró del Laberinto en la Catedral de Reims

Dicen que es la capital de la Champagne. Pero da igual. Reims es un punto central en Francia, y en Europa, el punto medio del compás y Juana es el Arco. Hasta aquí llega la magia de los peregrinos de las líneas trazadas por el Camino de Santiago y por la Vía Francígena. En la Catedral de Reims, patrimonio de la humanidad desde 1991, me acogen miembros de la Asociación de Caminantes y Peregrinos 51 (haciendo referencia al departamento de la Marne) uno de cuyos miembros me va a alojar esta noche. Busco una prueba y estoy seguro de que la encontraré aquí, en Reims.

Los miembros de la Asociación se miran entre si y atónitos me invitan a seguir a la Señora Mónica y ser guiado por la Catedral, en la cual te coronarían como Rey si lo eres de Francia excepto si te llamas Enrique IV (el Enrique I de Navarra) o Napoleón, el de Córcega.
Ya no está el Laberinto en el suelo (símbolo actual de los monumentos de Francia) porque los monjes decideron que eran muchos los niños que jugaban en él y lo profanaban. Antes peregrinaban en él de rodillas quienes no podían ir a Jerusalén y tenían motivos para ser perdonados. Hoy el laberinto está en el propio camino. Y Juana de Arco encontró fácil la salida. Ella era el hilo de Ariadna.

Majestuosa, la Catedral de Reims. Tratarla de Usted.

Majestuosa, la Catedral de Reims. Tratadla de Usted.

Fuera, me mira el ángel sonriente, icono de Reims, y el espíritu de Santa Juana de Arco me susurra al oído diciéndome que continúe en el laberinto hasta encontrar la salida. Todo son mujeres. Porque Reims es el lugar femenino por excelencia de Francia y de la Vía Francígena, en el cual se construyó una de las mayores catedrales de nuestro país vecino, dedicada a la Virgen María y alineada con la constelación de Virgo.

Escudo de Reims

Escudo de Reims

De nuevo el misterio. La Señora Mónica, antigua profesora y mi guía de la catedral, no quiere oír nada de eso. Habladurías. Me oculta algo. Y me propone salir hacia el Palacio del Tau por medio de los tenderetes que anuncian las fiestas en honor a Juana de Arco. En el Palacio respiro aroma a magia al observar los restos de la Santa Ampolla que contenía el Sagrado Óleo con el que se ungía a los Reyes de Francia y que se remonta a los tiempos de Clodoveo.

Salgo a la calle y ahora huele a guerra, pero también huele a paz.  A las guerras romanas, medievales, a la Primera y Segunda Guerras Mundiales. A la rendición alemana de 1945 que se produjo en esta misma ciudad. Al encuentro entre De Gaulle y Adenauer para reconciliar Alemania y Francia en 1962.

Rue de Vesle, Reims

Rue de Vesle, Reims

Hoy es martes, y de nuevo una coincidencia me atrapa en la Puerta de Marte por la que paso recordando el antiguo templo dedicado a este dios romano. Y algo me hace estremecer.  Decido tomar un café caliente y un biscuit rose en la Rue de Vesle, la arteria principal de Reims por la que corre la sangre de la Historia de Francia. Casi en el punto medio de la Europa Occidental, Reims resulta una especie de centro del laberinto del cual sólo se puede salir a ciegas pero con fe en uno mismo. Sigo mi camino pensativo hacia los viñedos de la Champagne por la Vía Francígena.

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