Si crees que el camino no cura, ven a la Vía Francígena por la Toscana y deja que tu vida cambie.

Por supuesto que no estábamos equivocados los periodistas que a través de la Vía Francígena hemos ido a la localidad toscana italiana de Monteriggioni a celebrar y participar del II Festival de la Viandanza con Cammina Francígena.

Tampoco nadie nos engañó. Pero los más de diez miembros del grupo de periodistas, italianos y extranjeros, descubrimos que el camino es algo más que un delicioso paisaje de colinas, cipreses, amapolas y perfume a queso de “pecorino” (queso de oveja). El grupito de desconocidos, se convirtió en una pequeña comunidad que enfiló en sentido contrario la Vía Francígena desde los confines de la Toscana en Radicofani hasta Monteriggioni, donde nos esperaban más locos por el caminar lento y con consciencia.

La fabulosa organización del II Festival de la Viandanza, compuesta por la Asociación MOVIMENTO LENTO y la empresa ITINERARIA, nos alojaron en el Albergue de la Iglesia de Radicofani y que está gestionado por la Cofraternidad de Santiago de Peruggia. Aún viendo diferencias de pensamiento, y de comportamiento, fuimos alojados con diligencia, compartiendo el preciso ritmo acompasado de los ronquidos de un grupo de peregrinos alemanes que se dirigía hacia Roma.

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Fausto, asesor del Ayuntamiento de Radicofani, fue nuestro guía cultural a través de las murallas de la altísima torre de la localidad. Además de invitarnos a cenar desayunar, nos invitó a formar parte de su vida con su amistad. El peregrino de la Vía Francígena y de cualquier camino, tiene como obligación buscar a un Fausto en cada parada.

En el primer día, el tiempo fue benevolente con nosotros, en las termas calcáreas y sulfurosas de Bagno San Filippo, y en el edulcorado camino hacia la pequeñísima localidad de Bagno Vignoni, lugar de termas romanas y escenario de algunas películas de Tarkovsky. Los más listos periodistas del grupo, pudieron disfrutar de las termas romanas gracias al patrocinio de la Oficina de Turismo de Toscana, nuestro ángel de la guarda durante todo el viaje.

La jornada siguiente, fue marcada por la omnipresente lluvia que confería al paisaje una suerte de manto verde húmedo similar al musgo de un belén. Cómo húmedo fue el encuentro en San Quirico D’Orcia con Don Gianni, el curioso cura del lugar que lo fue en un crucero durante tres años, y que dirige teatralmente una parroquia en la Toscana profunda.

vd6A través del fango de la provincia de Siena, llegamos a Torrenieri, en donde la bodeguera de la Abbazia Ardenza, lugar de la XIII parada del Arzobispo Sigerico, nos invitó a conocer las maravillas de una bodega más que medieval, cuna de la denominación vinícola de Brunello y Montalcino. Agua santa para el peregrino. “Con el vino, y el pecorino, el peregrino hace el camino”, reza el dicho italiano.

Y fue precisamente el pecorino (queso de oveja natural) el protagonista del Alojamiento Rural VERGELLE en San Giovanni d’Asso. Allí, en medio de la nada, una familia rige siempre con sonrisa, una hacienda de ovejas, quesería, algo de pasto y agricultura y un delicioso lugar de reposo para turistas y bucólicos. Sólo se oía el viento y el respirar de mi compañero de habitación.

El trayecto hacia Buonconvento, nos guió un par de amigos de cuatro patas, un par de perros que además de guiarnos bien por los enfangados caminos, nos protegían de los perros guardianes de los rebaños de ovejas. El mejor amigo del peregrino es un can del lugar que con su silencio y su mirada te da ánimo y cariño.

vd4Buonconvento, kilómetro 201 hacia Roma, fue el lugar de encuentro con Andrea, el dueño del Cattivi Frati Café, y que me dice que acaba de ser padre de su tercera niña. Andrea, de 35 años, vive feliz en su bar, lugar de acogida de peregrinos de la Vía Francígena, a los que siempre invita a café con la bondad de quien desborda sencillez.

A través de los cruces con el Camino que andando lleva a Asís, y tras un helado de pistacho en Ponte D’Arbia, recuerdo los lugares en los que en otra ocasión encontré peregrinos que forman parte ahora de mi vida llenando huecos de amistad. Y con ese buen sabor de boca y algo de lluvia, llegamos a Luginiano. De nuevo nos esperaba un buen plato de “pici” gracias a Tierra de Siena y Turismo de Toscana.

Tras arreglar una ventana (mejor no preguntar porqué…) los nuevos hermanos periodistas, salimos bajo la lluvia toscana, que aun siendo dulce moja como las demás, hacia Siena. El camino nos lleva hacia la medieval Granja de Cuna mojadas hasta las ganas de parar un rato. Cosa que hacemos esperando al sol. Nos sorprende gratamente la alta presencia de peregrinos que en sentido contrario a nosotros, o nosotros contrariamente a ellos, van a Roma. Peregrinos de diversas nacionalidades, predominando los locos franceses que tras haber realizado varias veces el Camino de Santiago (alguno hasta 8 veces) descubren la maravilla de la Vía Francígena, en este caso por la  Tierra de Siena en la Toscana.

vd21Entrar a Siena resulta una suave montaña rusa con la torre de la Piazza de Campo siempre a la vista. Y es que la ciudad de Siena se ha preocupado de mantener un espacio sostenible dentro y fuera de la ciudad, lo que hace que se convierta en una maravilla para el peregrino o simplemente para el turista o caminante. Y posiblemente no gracias al Ayuntamiento, pero si a alguien más arriba, entrar por la Porta di Roma con un sol a pleno rendimiento que nos permite secar las alegrías y las ropas de la jornada, resulta emocionante. A pesar de que todavía nos quedan cuestas por la Siena turística.

Y nos queda la visita a Sor Ginetta, la monja que con 40 años abandonó su vida de éxito económico para alcanzar una vida de éxito espiritual ayudando a los más pobres que también existen en el lujo turístico de Siena. Sor Ginetta, también acoge a los peregrinos de la Vía Francígena siempre que haya espacio.

Sobrecoge la tormenta casi perfecta, propia de un maestro renacentista en el cielo nocturno de Siena. Como sobrecoge a la mañana siguiente los caminos embarrados de la Vía Francígena, entre bosques en los cuales el habitual encontrar algún peregrino que se dirige a Roma. Como Federico Pepini, enfermo de leucemia y quien se está curando gracias a recorrer tres veces el Camino de Santiago y dos la Vía Francígena, para sorpresa de su oncólogo. Federico vehementemente, nos pide que contemos al mundo que el camino ayuda a curar. Porque al igual que la vida, lo importante del camino es cada paso que damos con la fe de que existirá un nuevo paso.

Y así, tras probar kéfir de leche y de agua en casa de Linda, llegamos a Monteriggioni en donde sus murallas medievales dan fin a una semana de encuentro periodístico a través del trayecto toscano de la Vía Francígena con un grupo de periodistas que poco a poco dejaron de publicar en directo en facebook y twitter para dejarse empapar por la humanidad que transmite el sudor de las personas que recorren la Vía Francígena.
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